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Desarrollo de micoinsecticidas para el manejo integrado de la mosca blanca (Bemisia tabaci) en cultivos frutales y hortícolas, en zonas neotropicales

ID: 
52
Resumen Ejecutivo: 

Durante el último decenio, varios de los sistemas agrícolas en la región neotropical han sido severamente afectados por la mosca blanca Bemisia tabaci (Homoptera: Aleyrodidae). Históricamente, de ser una plaga secundaria, se ha convertido hoy en la principal plaga agrícola en el plano mundial (Brown 1990, 1994), ya sea como plaga directa (por sus desmesuradas poblaciones) o como vector de virus.

En América afecta al menos 23 cultivos, desde el sur de los EE.UU. hasta Argentina, y en todos los países del Caribe. En zonas neotropicales, éstos corresponden a cultivos de gran valor para la exportación, ya sean frutales (melón, sandía y uva) u hortalizas de gran importancia nutricional y económica (tomate, chile dulce y cucurbitáceas). La crisis provocada por B. tabaci desde principios de los años 90 condujo a los ministros de Agricultura de los países de América Central a declarar una emergencia regional (Resolución 5-92/II ROCM, 1992). Las pérdidas económicas han sido muy elevadas desde entonces (Hilje 1996), con profundas consecuencias sociales, ya que muchos agricultores abandonaron la siembra de sus cultivos.

Aunque es difícil cuantificar adecuadamente el impacto causado por las moscas blancas sobre la producción, algunas cifras aportan una idea parcial de la magnitud de su daño (Hilje 1996). Por ejemplo, en el sur de los EE.UU., en 1991-1992 las pérdidas causadas por B. tabaci fueron de $ 700 millones, y solamente en el Valle Imperial, en California, entre 1991 1995 han sido de $ 100 millones, anualmente. En Mesoamérica y el Caribe, en cuanto al tomate, en Comayagua (Honduras), en 1992, 500 productores perdieron cerca de $4.600.000; en el Valle Central (Costa Rica), el rendimiento disminuyó de 35 a 21 t/ha; en la República Dominicana hubo pérdidas de 80% en 1993 1994. En algodón, en Guatemala, el número de aplicaciones contra B. tabaci aumentó de 14 a 25, entre 1988-89 y 1993-94, al igual que las dosis, pero en este intervalo la producción unitaria disminuyó de 41 a 23,4 t/ha.

Recientemente, a principios de 2001, en Zacapa (Guatemala) 700 ha de melón fueron severamente afectadas por geminivirus transmitidos por B. tabaci, de las cuales 246 ha debieron ser arrancadas y destruidas; en el resto del área sembrada los rendimientos disminuyeron de 1200 a 700 cajas/ha, a pesar de que el número de aplicaciones de insecticidas aumentó de 18 a 30 (Ing. Carlos Rodríguez, Del Monte Specialties, com. pers.).

No obstante, a las pérdidas per se debe sumarse el aumento en los costos de producción, debidos sobre todo al uso de insecticidas. Durante los años en que la crisis causada por el complejo moscas blancas-virus fue más severa, los insecticidas se utilizaron masivamente, con aplicaciones cada 2 3 días y, en algunos casos, diariamente, provocando problemas de residuos en los alimentos y agua, con riesgos de rechazos en los mercados internacionales, de intoxicaciones laborales, de disminución de enemigos naturales y de resistencia a dichos productos, cuyo valor fue prácticamente imposible de medir. Por ejemplo, un diagnóstico realizado en Colombia reveló que los productores hacen 12 o más aplicaciones de insecticidas, con 32 diferentes ingredientes activos (40% de organofosforados, 11% de carbamatos, 12% de piretroides y 29% de insecticidas de nueva generación). Asimismo, el 46% de los agricultores encuestados abandonó su cultivo alguna vez, por las pérdidas, y cerca del 40% tuvo pérdidas de 50-100% (Rendón et al. 1999). Actualmente, B. tabaci es muy resistente al metomil (en 9 de 13 localidades) y al metamidofós (en toda la costa atlántica) y medianamente resistente a la cipermetrina (en tres localidades de la costa atlántica) (Cardona et al. 1999).

Estas situaciones demuestran que los métodos convencionales para el combate del complejo moscas blancas-virus atentan contra la sostenibilidad de los sistemas agrícolas de producción, tanto en términos económicos como ambientales. Aunque en la actualidad es posible producir, con buenos rendimientos, sobre todo gracias a la disponibilidad del imidacloprid y algunos reguladores de crecimiento, como la buprofezina y el piriproxifén (Horowitz & Ishaaya 1996), en varios países ya se ha detectado abuso en la utilización de estos productos e incluso el desarrollo de resistencia a ellos.

Por tanto, existe la urgente necesidad de buscar enfoques y métodos innovadores, orientados por el paradigma de la sostenibilidad, es decir, que involucren elementos claves de la protección ambiental, factibilidad económica y equidad social. Así, en el plano mundial hasta ahora ha habido avances importantes para el manejo integrado del complejo moscas blancas-virus, tales como variedades tolerantes en algunos cultivos, prácticas agrícolas, insecticidas selectivos y agentes de control biológico (Gerling 1990, Gerling & Mayer 1996). Aunque uno de los mayores logros ha sido el reemplazo de insecticidas foliares de amplio espectro por el imidacloprid y varios reguladores de crecimiento, que son más selectivos, no se debe confiar en estos pocos productos, puesto que esto incrementa el riesgo de selección de resistencia y, con ello, la pérdida de eficacia para el combate de las moscas blancas. Además, el alto costo de estos noveles insecticidas podría resultar prohibitivo para muchos pequeños y medianos agricultores que siembran hortalizas, en América Central y Colombia, quienes dependen entonces de insecticidas menos selectivos y eficaces.

Por ello, una posible alternativa para el manejo del complejo moscas blancas-virus es el uso de micoinsecticidas, los cuales son ambientalmente benignos y de costo efectivo óptimo. Actualmente varios micoinsecticidas están disponibles comercialmente, tales como el Mycotrol y el BotaniGard, que son formulaciones comerciales del hongo Beauveria bassiana. Aunque se ha reportado que ambos productos son eficaces contra B. tabaci en regiones subtropicales de los EE.UU. y otras zonas (Wraight et al. 1995), no lo son tanto en América Central. Por el contrario, han demostrado un menor control que el obtenido con algunas cepas nativas de varias especies de hongos recolectadas en América Central. Por ejemplo, en experimentos de laboratorio e invernadero, la cepa MA 5/89 de Metarhizium anisopliae (de la colección del CATIE) fue más eficiente que el Mycotrol y el BotaniGard, y lo hizo contra todos los ínstares ninfales de B. tabaci (Carballo et al. 1999, 2000, Herrera et al. 1999).

La región neotropical ofrece posibilidades inexploradas en cuanto a la utilización de su rica biodiversidad (Mateo et al. 2001), pues muchos de sus ecosistemas posiblemente albergan una gran riqueza de microorganismos que infectan a los insectos y, por lo tanto, representan recursos potenciales para el desarrollo de bioplaguicidas (Hilje & Hanson 1998). El desarrollo comercial de éstos podría representar una oportunidad extraordinaria para incrementar el valor agregado de estos productos y que así algunas empresas locales, promovidas por proyectos como el de Fomento de productos fitosanitarios no sintéticos en Centroamérica (CATIE-GTZ) y otras iniciativas análogas, se involucren en su producción y comercialización.

Si bien cepas como la MA 5/89 y otras por descubrir ofrecen un importante potencial para el manejo B. tabaci, su aplicación práctica está restringida por varios factores, como su producción masiva y formulación; la necesidad de grandes volúmenes de biomasa para el control de plagas en el campo; la estabilidad de los hongos bajo condiciones de almacenamiento; y ellas deben ser de fácil aplicación y estar protegidas de condiciones ambientales adversas (alta temperatura, lluvia e intensidad lumínica) en el campo.

Para el presente Proyecto, estos problemas podrían ser resueltos mediante la cooperación técnica entre Corpoica y CATIE. Corpoica tiene amplia experiencia en el desarrollo de bioinsecticidas a base de microorganismos entomopatogénicos, incluyendo la producción masiva de hongos, técnicas de formulación y normas de control de calidad. En síntesis, esta alianza posibilitaría la evaluación de un amplio repertorio de cepas nativas que serán recolectadas en América Central y Colombia, enfatizando inicialmente la evaluación de una cepa de Costa Rica (Metarhizium anisopliae) y una de Colombia (Verticillium lecanii).

Debe indicarse que ambas cepas fueron seleccionadas por su eficacia sobre B. tabaci y la mosca blanca de los invernaderos (Trialeurodes vaporariorum), respectivamente. Una vez que las cepas más promisorias sean seleccionadas por su eficacia, serán sometidas a un proceso de producción masiva y formulación, para entregar a los agricultores un producto de alta calidad técnica. Así mismo, debe señalarse que aunque el Proyecto se focaliza en cultivos frutales (melón) y hortalizas (tomate), las cepas podrían utilizarse para combatir a B. tabaci en los más de 23 cultivos que atacan, incluyendo a la soya y algodón, los cuales se siembran en vastas extensiones en países como México, Brasil y Argentina.

Indicar el monto que el consorcio solicita a FONTAGRO y los aportes estimados de contrapartida
Recursos FONTAGRO US $: 
153.013
Recursos de contrapartida US $: 
293.682
Monto total estimado US $: 
446.695
Período de ejecución (meses): 
36
Organismo ejecutor líder del consorcio
First Name: 
Eduardo Hidalgo
Cargo del Investigador Principal: 
Coordinación en Costa Rica, Control microbial y formulación
Nombre de la máxima autoridad de esta institución: 
Coordinación en Costa Rica, Control microbial y formulación
Integrantes del consorcio (Organismos co-ejecutores)
Nombre del Investigador Líder: 
Alba Marina Cotes
Cargo del Investigador Líder: 
Coordinación en Colombia, Control microbial y formulación
Organismos Asociados
Documentos : 
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